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Cuando te toca ser mujer…
Conozco a muchas de esas, de las que se levantan temprano y se dividen en cuatro para llegar a todo. Pero ayer me topé con una y charlando con ella, pensé que era buen momento para dedicarle unas líneas a todas.
Wonderwoman es de sudamérica, mientras estudiaba en la universidad conoció al que hoy es su marido y padre de sus tres hijos. Con él decidió embarcarse en una aventura de vida que aún hoy continua.
Lo que más me llamó la atención de mi conversación con ella, era la tenacidad de sus palabras y la constancia de sus propósitos. Después de unas cuantas mudanzas y del primer parón maternal, porque claro, a la vista del primer hijo, ¿quién se queda en casa para ahorrarse el dinero de la guardería y no ver a tu hijo de 08:00 a 20:00h?; mi Wonderwoman ha seguido “luchando” y poco a poco, ir alcanzando sus metas.
Yo la escuchaba “maravillada”… cómo una mujer joven, que no llega a los 40 y con tres niños, aún estaba ilusionada con un proyecto, con su propio negocio y con ampliarlo y hacer que mejore.
En la conversación salió una reflexión de su boca: “ser mujer no es fácil y es con lo que tenemos que lidiar cada día” (adaptación libre de la que escribe). Y es que es verdad, no soy partidaria de la discriminación positiva, pero en países como el nuestro que las ayudas a las madres son casi inexistentes, este tipo de historias hace que te plantees un montón de cosas.
Mujeres como ella y como tantas que conozco, se merecen lo mejor que les pueda pasar… desde aquí mi apoyo y mi achuchón de ánimo a todas las chicas súper heroínas del universo.
“Ni lo dudes, claro que podemos”
Con la oficina a cuestas
Contestando correos en el metro.
Llevo un par de días con la oficina a cuestas y cada día me sorprendo más.
Ayer un colaborador me decía “es que me da no sé qué hablar contigo cuando vas en el metro”. Y yo le dije: no te preocupes, es que estos días rara vez me encontrarás en la “oficina”, andaré con la móvil.
Sí, se puede trabajar. Sí, puedo avanzar sin estar en casa. Es que incluso a veces pienso que puedo llegar a ser hasta más productiva, como voy apurada porque paso tiempo off line, cuando vuelvo a conectarme me pongo a tope a resolver historias.
La otra mañana en un desayuno de networking un compañero dijo de mí: “es que María es emprendedora“. Entre nosotros… aluciné un poco
… sencillamente porque me vi empujada a “emprender”, realmente no tuve la ilusión de tener un proyecto y poder llevarlo a cabo, sí como muchos siempre quise montar el negocio de camisetas frikis, la empresa de organización de eventos, etc. Pero emprender con una idea fija de negocio, mmmm, no se me había pasado por la cabeza.
Hasta que pasó todo y ahora, creo que a raíz del crecimiento “orgánico” (momento SEO, jeje), veo las cosas de otra manera y estoy convencida de que todo es posible.
Es fundamental estar seguro de uno mismo y transmitir tu entusiasmo. Tener momentos malos, ser condescendiente hasta un punto y confiar sin dejar que te cojan el brazo entero.
Imagino que te acostumbras a viajar con el ordenador a cuestas, a “limpiar” el escritorio en las dos horas y media de vuelo que tienes hasta llegar a casa de tus padres, a contestar con tu iPhone correos que esperan respuesta, a conectar el ordenador en el coche camino del EBE para solucionar marrones de trabajo.
Quizás, los que tenéis una vida “normal”, con un horario “normal” y una oficina “normal”, pensaréis que nosotros, los que escribimos un viernes por la noche en el blog, estamos locos.
Creo que hay algo de locura, sí, ¿por qué negarlo?. Pero todo la responsabilidad que conlleva el trabajo que realizo, es tan gratificante, que merece la pena. Somos como los súper héroes, sin horarios, luchando contra las adversidades.
Me pido ser Wonder Woman
Además, yo heredo. Y esa es la mayor satisfacción.
El descanso del guerrero…
Mi casa tiene piscina.
Cuando entré por primera vez a mi habitáculo de 40m2 lo que más me llamó la atención fue la luz que entraba por las ventanas y lo segundo, las dos columnas que harían que me rompiera la cabeza a la hora de distribuir los muebles en mi estudio, loft para los modernos.
Pero lo que me hizo decidirme por ella, fue la piscina. No es grande, no puedo entrenar en ella, pero en verano… me da la vida.
Acabo de salir. He bajado tarde, a las 21:00, y con el miedo de que quedara algún vecino rezagado chapoteando. La cara se me ha iluminado al descubrirla, sólo para mí.
Qué fría estaba el agua… estaba.
Soy una chica decidida y si decidí bajar a remojarme, lo hago. Tras un par de saltitos para quitarme el miedo, tome impulso y splash!!
Qué fría estaba el agua… estaba.
Tres, cuatro, cinco, mini “largos” y la presión de la espalda disminuía. Soy de las personas que cuando cogen nervios se le va todo a las cervicales, la espalda, el tercer chakra…
Agua… que estaba fría.
Floto boca arriba, miro al cielo, respiro. Y sólo escucho mi respiración. Veo los pájaros pasar por encima, noto el aire que va secando la parte de mi pelo que se asoma por encima del agua. La yema de los dedos se arruga.
Y mi respiración, más calmada, pero similar a lo que escucho cuando estoy debajo del mar, respirando por la boca y controlando el manómetro…es mi única compañía. Me relajo, respiro… vivo.
Que importante es descansar, desconectar, para todos los que trabajamos en casa y tenemos días en los que no nos podemos permitir el lujo de dejar las cosas para mañana.
Estoy viva, ahora de vuelta al trabajo.
Soy animal acuático
¿Somos todos “prescindibles”?
Hoy todo el mundo habla del mundial de fútbol, algo normal por otro lado porque se da el pistoletazo de salida al mes del deporte “rey”.
No me gusta el fútbol, nunca me gustó demasiado, nunca he sido de un equipo y me parecen desorbitadas las cifras que maneja el negocio.
Pero esta semana leí en alguna parte (me he vuelto loca buscándolo, pero no lo he encontrado), quizás en un tweet, una frase que le atribuyen a un futbolista y que, además de llamarme especialmente la atención, he repetido en varias ocasiones durante estos días.
“Podrás poner a otro en mi puesto, boludo, pero nadie hará mi trabajo” Lionel Messi
Yo me quiero mucho y valoro muchísimo mi trabajo y es verdad que también siento un poco lo que refleja la frase. En mi caso, por el cariño que le pongo a todo lo que hago, ya que lo que no me convence, no lo acepto… y ya no me duele decir que no.
Hacer las cosas con pasión es lo que me mantiene viva dentro de esta profesión, querer aprender cada día, hacer de cada trabajo un reto y tratar a cada proyecto como un “hijo”.
Puede ser real eso que dicen que nadie es prescindible, pero en cierta manera todos somos únicos y tenemos unas cualidades que nos hacen diferentes y especiales en todos los aspectos de nuestra vida, ya sea profesional o personal. Si nuestros clientes deben buscar su factor diferenciador, su vaca púrpura, ¿por qué no hacer lo mismo con nuestra propia carrera?
Durante una comida esta semana, uno de los que compartía tempura y arroz al limón conmigo me dijo: “yo no he visto a ningún directivo de agencia hacerse millonario, pero sí he visto a gente a mi alrededor que sí lo han hecho, a emprendedores que se han arriesgado y han hecho de su proyecto su vida”.
El fin no es el dinero, ni como lanzaba Alex en su último post, la fama. No para mí.
En este año he aprendido muchísimo, sigo aprendiendo.
Creo que lo mejor de todo es poder levantarte por las mañanas y que no te de pereza sentarte enfrente del ordenador, que la impotencia que surge tras alguna reunión se evapore a los cinco minutos porque te surja otro proyecto y tener “hambre” de hacer cosas, meterte en mil historias, trabajar “gratis”, sólo por el placer de sentirte bien, de ser feliz con lo que haces.
Señores… yo no soy prescindible






