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¿Somos todos “prescindibles”?
Hoy todo el mundo habla del mundial de fútbol, algo normal por otro lado porque se da el pistoletazo de salida al mes del deporte “rey”.
No me gusta el fútbol, nunca me gustó demasiado, nunca he sido de un equipo y me parecen desorbitadas las cifras que maneja el negocio.
Pero esta semana leí en alguna parte (me he vuelto loca buscándolo, pero no lo he encontrado), quizás en un tweet, una frase que le atribuyen a un futbolista y que, además de llamarme especialmente la atención, he repetido en varias ocasiones durante estos días.
“Podrás poner a otro en mi puesto, boludo, pero nadie hará mi trabajo” Lionel Messi
Yo me quiero mucho y valoro muchísimo mi trabajo y es verdad que también siento un poco lo que refleja la frase. En mi caso, por el cariño que le pongo a todo lo que hago, ya que lo que no me convence, no lo acepto… y ya no me duele decir que no.
Hacer las cosas con pasión es lo que me mantiene viva dentro de esta profesión, querer aprender cada día, hacer de cada trabajo un reto y tratar a cada proyecto como un “hijo”.
Puede ser real eso que dicen que nadie es prescindible, pero en cierta manera todos somos únicos y tenemos unas cualidades que nos hacen diferentes y especiales en todos los aspectos de nuestra vida, ya sea profesional o personal. Si nuestros clientes deben buscar su factor diferenciador, su vaca púrpura, ¿por qué no hacer lo mismo con nuestra propia carrera?
Durante una comida esta semana, uno de los que compartía tempura y arroz al limón conmigo me dijo: “yo no he visto a ningún directivo de agencia hacerse millonario, pero sí he visto a gente a mi alrededor que sí lo han hecho, a emprendedores que se han arriesgado y han hecho de su proyecto su vida”.
El fin no es el dinero, ni como lanzaba Alex en su último post, la fama. No para mí.
En este año he aprendido muchísimo, sigo aprendiendo.
Creo que lo mejor de todo es poder levantarte por las mañanas y que no te de pereza sentarte enfrente del ordenador, que la impotencia que surge tras alguna reunión se evapore a los cinco minutos porque te surja otro proyecto y tener “hambre” de hacer cosas, meterte en mil historias, trabajar “gratis”, sólo por el placer de sentirte bien, de ser feliz con lo que haces.
Señores… yo no soy prescindible





