Visitar las Islas Baleares en cuatro días es posible. Dias 1 y 2

Siguiendo con la serie de posts sobre viajes express que inicié con Berlín, os voy a contar mi experiencia en el viaje que realicé gracias a la generosidad de Oscar Castedo, que me invitó a acompañarle, y a Carlota que me cedió amablemente su lugar para vivir la experiencia de #venyllevateelmomento de la ATB.

Pues como esto va de viaje express, os contaré eso, cómo gracias a un tweet de Oscar, nos fuimos a disfrutar de las islas en un visto y no visto.

Día 1: Menorca.

Con un madrugón importante nos subimos al avión en Madrid con destino la isla de Menorca con escala en Palma de Mallorca  donde nos encontraríamos con Toni, de Mallorex, que nos acompañaría los dos primeros días del viaje.

Binibeca

Aterrizamos en la isla más ventosa del archipiélago para comenzar nuestra visita en Binibeca, un pueblo blanco, precioso de pescadores. La verdad es que nuestra visita en domingo y en Diciembre, no estuvo muy animada, parecía un pueblo fantasma, pero también tenía ese encanto de poder perderse por sus callejuelas sin que estuviera a tope de turistas. Eso sí, me quedé con las ganas de disfrutarlo una tarde de verano en una terracita, un paraje ideal.

Tras un paseo por la ciudad de Mahón nos acercamos hasta Sa Mesquida, un lugar en la costa de la isla que no forma parte de las rutas turísticas y que merece la pena sólo por visitar el restaurante de Josefa Ortuño, Bar Sa Mesquida. La cocina de Josefa es buena no, lo siguiente. Probamos la ortiguillas de mar y un arroz caldoso de marisco que hubiera amainado al mal tiempo que ese día soplaba en la isla, una lástima que no lo probara y no parase de llover. El trato familiar, el buen ambiente y, sobre todo, la buena comida hacen de este restaurante un imprescindible en la visita a la isla.

Continuamos nuestro viaje hasta Ciudadela, donde nos perdimos por sus calles empedradas flanquedos por casas señoriales que compiten en grandeza. La verdad es que me vino a la mente el Trastevere romano, esos aires de grandeza, los colores y el espíritu, invitaban a perderse por sus calles pero, sobre todo, a disfrutar de sus fiestas en verano.

Ciudadella

Corriendo, corriendo de vuelta al aeropuerto para pillar el avión hacia Mallorca, que sería nuestra segunda isla. Para finalizar con Menorca os contaré que no deberíais iros sin haceros con unas abarcas y que en las afueras de Ferreries (en la carretera general entre Mahón y Ciutadella) podéis encontrar la tienda de Jaime Mascaró y Pretty Ballerinas con un outlet, aunque por la red dicen que no es demasiado barato, nunca se sabe.

Llegamos a Palma y directamente fuimos a cenar a Ummo, llegamos pillados de tiempo,a media hora de cerrar la cocina y muy amablemente nos atendieron, así que todo un detalle por su parte.

Día 2: Mallorca

Por suerte, ya conocía Mallorca, me enamoré de la isla hace tres años cuando mi amigo Javi me invitó y además, hizo de guía turístico mostrándome lugares preciosos y playas de ensueño; también me harté de pa amb oli, “pamboli” para los amigos.

Nos alojamos en el hotel Costa Azul, un hotel que ha sido renovado hace poco y que cuenta con una fuerte presencia en redes sociales, por lo que entienden a la perfección las necesidades de los clientes más tecnológicos… wi-fi gratuita!! Además de eso como he comentado en Yelp, la cama nos atrapó y dormimos como bebés, algo que se agradece hasta el infinito cuando te dedicas a hacer turismo sin parar de caminar.

Un desayuno de campeones con vistas al puerto, lo mejor para empezar nuestro segundo día de visita.

La primera parada en el planning express de Mallorca fue la fábrica de Lafiore, una de las fábricas de vidrio artesanal más punteras de la isla, visita obligada para los amantes de la artesanía y para todos aquellos que quieran llevarse un recuerdo original y único de la isla. 

Lafiore

Allí conocimos a Mario, el maestro artesano que nos enseñó, junto con su ayudante, el arte de soplar 😉
La verdad es que ver todo el proceso artesanal es hipnótico, te quedas atontado mirando la belleza de la bola naranja del vidrio y después, todo el proceso del soplado, las formas y los añadidos, según la pieza, es espectacular. Nos dijo que la pieza más popular era la aceitera mallorquina y lo que más le costaba hacer, las copas, porque tienen unas medidas específicas y es muy difícil hacer las piezas lo más similares posibles (recordad que cada pieza es única).

Después de soplar y hacer nuestros propios cuenquitos, fuimos hasta Soller, al puerto para ver si llegábamos a tiempo para coger el tranvia, pero… ups, había que esperar bastante, así que dimos un paseo y volvimos al pueblo en coche. Sóller es muy conocido por sus naranjas, de las que probamos un zumo riquísimo en la plaza del pueblo y también por sus helados, que no apetecían demasiado con el frío que hacía, pero que me he prometido probarlos cuando vuelva.

Puerto de Soller

Tras el zumo, fuimos hasta Deiá, al Mirador de la Foradada para disfrutar de las vistas y de la compañía de las gaviotas, una pena que el día estuviese nublado porque no pudimos apreciar el color turquesa del agua tan característico de las islas, pero ese lugar, en la sierra de la Tramuntana sigue resultándome mágico.

Mallorca es una isla para perderse, como muestra el pueblo de Deiá, famoso por haber tenido entre sus vecinos a escritores y artistas, algunos de los cuales descansan en lo alto de la montaña, en uno de los cementerios con las mejores vistas que he visitado.
Valldemossa es para ir tranquilo, pasear entre sus calles y disfrutar de la peculiar arquitectura dentro del precioso valle. Es obligatorio comer la coca de patata, súper tierna y sabrosa, que se puede acompañar por la horchata de almendra para que sea un tentempie redondo en verano, o un chocolate calentito, en invierno.

De vuelta en Palma de Mallorca, fuimos a comer al restaurante El Pesquero en el puerto de Palma, donde disfruté de una lubina espectacular, la mejor que me he comido en mucho tiempo y era enorme 🙂

Todo para coger con fuerza la entrada de la tarde, que llegaba con una visita en Segway por la ciudad de Palma.

Tuve la oportunidad de probar esto del Segway en mi viaje a Teruel, pero era un Segway rural y existen bastantes diferencias sobre todo, que el de ciudad es mucho más sensible y hay que rodar con mucho ojo con los bordillos.

La experiencia de Segway en Palma es genial, sobre todo si vais con poco tiempo de visitar una ciudad tan bonita como esta. La sensación de ir deslizándote entre las calles del casco viejo, parando de vez en cuando para hacer alguna foto y admirar las vistas, es sensacional. Nuestro guía, además de hacernos comentarios sobre la historia de la ciudad, incluía algún chiste o anécdota para que el recorrido fuera más ameno, sin dejar de estar atento y echarnos la bronca si hacíamos algo que pudiera poner en peligro nuestra seguridad.

Navidad en Palma

Y tras un día ajetreado, ducha y un ratito de descanso para volver a la carga. Esta vez acompañados también por Neus, socia de Mallorex con Toni, para cenar en el restaurante Tast Club. Muy buena la comida y el ambiente súper agradable, recomendado para ir con amigos y disfrutar de un lugar especial.

Y aquí hago un descansito, el que casi no pudimos hacer nosotros 😉 , para continuar contando mi experiencia en un segundo post, no menos interesante, de todo lo que las Islas Baleares tienen para ofrecernos.

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